Reflexión sobre protocolo: RAE o práctica

Desde hace tiempo llevo haciendo investigación en protocolo y ceremonial para mi tesis doctoral. Trae tanta satisfacción personal como trabajo. Es interesante bucear en una disciplina que está tomando forma como ciencia y donde, poco a poco, se está generando más y más conocimiento científico.

En estas lecturas que estoy haciendo he encontrado varios casos donde, profesionales e investigadores, usan el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), como base para enunciar su definición de qué es el protocolo. Esta es la definición que nos da la RAE: “Conjunto de reglas establecidas por norma o costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes”. Entiendo que hay que tener una referencia, de hecho, el mismo autor de este artículo lo hizo en una ocasión, pero ahora que estoy profundizando más en el tema lo considero arriesgado. Explico por qué.

Primero de nada, he de decir que, la RAE, es un diccionario general de términos, que está muy lejos de ser un espacio especializado. De hecho, la propia RAE se va enmendado conforme va evolucionando la lengua y conforme la ciudadanía le va demostrando que hay términos que están mal expresados en su contenido. El espacio de noticias del portal Universia en 2015 hizo un artículo hablando de las enmiendas que la RAE va realizando durante los años. Afirma que la lengua evoluciona y que, fruto de esta, la institución ha ido modificando definiciones, préstamos lexicalizados, coloquialismos, y palabras con connotaciones sexistas y racistas. Otro ejemplo sería la noticia ofrecida por la Federación de Autismo de Madrid en 2012, donde se daba cuenta de que, la RAE, a petición de profesionales y asociaciones de padres de niños afectados por el trastorno autista, había cambiado la definición de autismo. Inicialmente se recogía como “incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas” cuando en realidad esto no es así. Las personas afectadas por el autismo sí son capaces de manifestar afecto, tristeza o cualquier tipo de emoción. Por ello, la RAE, corrigió la definición adaptándola a la nueva realidad “trastorno del desarrollo que afecta a la comunicación y a la interacción social”. En esta dirección hay muchos más casos si se hace una sencilla búsqueda con Google, por ejemplo.

Y esto me lleva a otra cuestión que para mi es clave: si ni los propios profesionales e investigadores del protocolo nos ponemos de acuerdo en cómo definir el protocolo y todo lo que hay a su alrededor, ¿es lo más correcto construir ese conocimiento a partir de la definición del diccionario? Confiero que, así de entrada, me parece arriesgado y no muy fiable. El diccionario es de uso general y no específico de ciertos conocimientos. Considero que es más adecuado el que la perspectiva profesional pese más en estos aspectos, porque como dice el refrán: “La experiencia es la madre de la ciencia”.

No estoy menospreciando la RAE o las personas que han decidido definir y generar su investigación a partir de la definición de protocolo que ofrece el diccionario, nada más lejos de mi intención, pero este hecho me ha hecho reflexionar sobre ello y sacar mis propias conclusiones. ¿Qué opinión os merece el tema?

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